El trabajo partió del análisis de su trayectoria, de su forma de producir y del imaginario popular asociado a la tradición gallega. Detectamos una identidad con valores sólidos y un relato auténtico, pero sin un sistema visual capaz de estructurarlo y proyectarlo con coherencia. La marca tenía discurso, pero carecía de una arquitectura gráfica que lo sostuviera.
La decisión estratégica fue regresar a los códigos originales desde una lectura contemporánea. No modernizar por oposición, sino construir un lenguaje visual que asumiera la tradición como punto de partida y la tradujera en un sistema reconocible, consistente y funcional para el presente.
La identidad se desarrolló a través de una inspiración retro entendida como herramienta estructural y no decorativa. Logotipo, símbolo, tipografía y color se diseñaron para reforzar la idea de oficio, continuidad y familia. El packaging se convirtió en el principal soporte del sistema, aportando orden, jerarquía y coherencia a toda la gama y facilitando su reconocimiento en el punto de venta.
El resultado es una marca más clara, sólida y preparada para crecer. Una identidad capaz de expresar su origen con naturalidad y competir desde la autenticidad, sin renunciar a la exigencia del mercado actual.