Antes de diseñar, analizamos el sector, sus códigos visuales dominantes y la manera en que las empresas se
comunican con sus clientes. Detectamos un patrón común: marcas excesivamente técnicas, poco memorables y
alejadas del usuario final. Ahí estaba la oportunidad.
La decisión estratégica fue empezar por el naming. Plagoo surge de la combinación directa entre el problema y
la solución: plagas, acción y ausencia. Un nombre sencillo, fonético y fácil de recordar, capaz de conectar con el
sector sin resultar agresivo ni alarmista.
A partir de ahí, se construyó un sistema de identidad limpio, moderno y funcional. Tipografía propia, formas
geométricas y una paleta cromática asociada a higiene, control y sostenibilidad permiten a la marca transmitir
rigor técnico con un lenguaje accesible y actual.
El sistema se aplicó de forma coherente en todos los puntos de contacto: manual corporativo, aplicaciones
gráficas y entorno digital. La web se concibe como una extensión natural de la marca, priorizando claridad,
jerarquía de la información y facilidad de uso.
El resultado es una marca sólida, reconocible y alineada con su propósito. Una identidad pensada para generar
confianza desde el primer contacto y sostener el crecimiento de la empresa en el tiempo.