El proyecto se planteó desde el concepto de singularidad. La elección del naming en gallego,
Feitizo —hechizo— permitió articular un universo visual enigmático, nocturno y con
un punto de ironía, alejándose de los lenguajes clásicos asociados al vino espumoso.
La marca se construyó desde el contraste: sobriedad gráfica, monocromía y un sistema ilustrado
de ondas que introduce misterio y movimiento.
El diseño del packaging actúa como pieza central del sistema. Cada elemento responde a una lógica
coherente, donde identidad y estructura visual trabajan juntas para generar una presencia
reconocible y poco convencional en lineal.
El resultado es un espumoso con identidad propia, contemporánea y diferencial, capaz de posicionar
a la bodega desde un lugar más conceptual y estratégico.